By Elio Villaseñor G.
Director General of Citizen Initiative
for the Promotion of a Culture of Dialogue, AC
“La vida es un viaje y lo importante no es la meta,
sino las personas que encontramos en el camino.”
Inspirada en el mensaje de diversas canciones de Calle 13.
El lugar donde vivimos es mucho más que una dirección en un mapa. Es el espacio donde convivimos con nuestra familia y nuestras amistades; donde fuimos a la escuela, jugamos en las calles, recorrimos parques, utilizamos el transporte público y comenzamos a descubrir el mundo que nos rodea.
También es el lugar donde nacen nuestros sueños, nuestras preguntas y nuestras ganas de construir un futuro mejor.
Al crecer en nuestras colonias y comunidades observamos situaciones que nos preocupan: la falta de oportunidades, la inseguridad, los espacios abandonados o las dificultades para continuar estudiando y encontrar un trabajo digno.
A veces parece que esos problemas forman parte del paisaje cotidiano y que nada puede cambiar. Sin embargo, llega un momento en que la realidad nos sacude y nos hace preguntarnos:
¿Qué puedo hacer para mejorar mi entorno?
Es entonces cuando surge la inquietud de participar, de organizarnos y de buscar alternativas.
Como expresó una joven participante:
“Si me hubieran dicho que podría colaborar en construir un espacio que contemple la participación, la incidencia y el activismo de jóvenes oportunidad como eje principal para su preparación como agentes de cambio, habría sentido nervios, ansiedad y expectativa por lo que vendría.”
Ese primer paso suele estar acompañado de dudas e incertidumbre. Pero también abre la posibilidad de descubrir que los problemas no son algo inevitable y que nosotros también podemos ser parte de las soluciones.
La inquietud crece cuando encontramos a otras y otros jóvenes que comparten las mismas preocupaciones y el mismo deseo de transformar su comunidad. Comprendemos que no estamos solos y que los cambios más importantes comienzan cuando decidimos actuar juntos.
En ese camino encontramos Voces y Agentes: Laboratorio de Incidencia y Acción Juvenil, un espacio de aprendizaje, reflexión y acción donde participan jóvenes de distintos territorios de la Ciudad de México y su zona metropolitana, provenientes de Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc, Tlalpan, Magdalena Contreras, Coyoacán, Álvaro Obregón, Cuajimalpa y Ecatepec.
Desde sus barrios, colonias y comunidades, las y los jóvenes comparten experiencias, preocupaciones y propuestas para imaginar nuevas formas de participación, incidencia y transformación social.
A través de este proceso aprendemos a leer nuestra realidad con nuevos ojos, a identificar problemas, dialogar con distintos actores, construir propuestas y desarrollar herramientas para impulsar cambios concretos en nuestros territorios.
Pero también nos lleva a plantearnos preguntas fundamentales:
“¿Se está observando, pero también escuchando a las juventudes y sus acciones en materia de incidencia, activismo o participación?”
La respuesta no siempre es sencilla. Sin embargo, cada vez más jóvenes están demostrando que tienen ideas, propuestas y una enorme capacidad para construir soluciones cuando se les brinda confianza, espacios y oportunidades.
Poco a poco entendemos que transformar nuestra comunidad no depende únicamente de otras personas. También depende de nuestra capacidad para participar, organizarnos y sumar esfuerzos para construir el bienestar común.
Cada actividad comunitaria, cada propuesta impulsada, cada espacio recuperado y cada alianza construida son pasos que fortalecen nuestra calidad de vida y la de quienes nos rodean.
Como lo expresó otra participante:
“…construir un espacio seguro, de cuidado e integrador, con una narrativa que contemplara la voz, la identidad y la lucha social de juventudes en incidencia…”
El gran desafío de nuestra generación es no permitir que los problemas nos ahoguen ni que la indiferencia nos paralice.
Se trata de creer en nuestra capacidad para cambiar las cosas, asumir responsabilidades y trabajar con solidaridad para construir oportunidades donde antes parecían no existir.
Porque cuando las juventudes participan, dialogan y actúan, dejan de ser espectadoras de la realidad para convertirse en protagonistas de la transformación de sus comunidades.
El trabajo colectivo es parte esencial de ese proceso. Ninguna transformación profunda se logra en solitario. Los cambios duraderos nacen de la colaboración, la confianza y la construcción compartida.
Por ello resulta tan valiosa la reflexión de otro joven participante:
“El trabajo colectivo forma parte fundamental para este proyecto que, a través de contenido generado para redes, retoma con total determinación que todo aquello que se construye para juventudes debe contar con nosotros para su elaboración, participación y presencia.”
Y quizá esa sea la lección más importante: nuestro barrio, nuestra colonia y nuestra comunidad no son solamente el lugar donde vivimos; son también el lugar desde donde podemos comenzar a construir un futuro con más dignidad, oportunidades y esperanza para todas y todos.
Al final, transformar nuestra comunidad no consiste solamente en alcanzar una meta. También significa aprender a caminar junto a otras personas, construir amistades, sumar esfuerzos y descubrir que los cambios más profundos nacen cuando compartimos el viaje con quienes creen que un futuro mejor es posible.
La verdadera transformación comienza cuando dejamos de preguntarnos quién resolverá los problemas de nuestro entorno y decidimos ser parte de la respuesta.
Ahí es donde las juventudes dejan huella: cuando convierten sus sueños en acciones, sus ideas en propuestas y su compromiso en una fuerza capaz de transformar la realidad.
Porque el futuro no es un lugar al que llegamos; es un camino que construimos juntos, paso a paso, desde nuestras comunidades.
Como resume una de las voces jóvenes que inspiran este esfuerzo:
“Ser un joven oportunidad es tener esperanza para poder cambiar el futuro de nuestros entornos.”