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EDITORIALES:

Cuando crear ya no es suficiente

Autor:

Dayron David Escorcia Atencio
Dayron David Escorcia Atencio

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Estudiante de Ciencia Política y Gobierno, tiene una mezcla única de pragmatismo, análisis y optimismo que lo hacen brillar en el Grupo Asesor de Jóvenes (YAG). Siempre está buscando ayudar a quienes lo necesitan, ya sea construyendo estrategias, creando alianzas o siendo esa pieza clave que conecta al equipo.

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Jóvenes en el Mundo:

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de JuventudES:

Por Dayron Escorcia Atencio
Grupo Asesor de Jóvenes
GOYN Barranquilla y líder juvenil

Hace aproximadamente cuatro años, el desafío era lograr que los jóvenes empezaran a organizarse, crear iniciativas y tomar acción en sus territorios. Hoy con cientos de colectivos y organizaciones haciendo parte del ecosistema, quizás la pregunta que debemos empezar a hacernos es otra: ¿Qué viene después de crear?

¡A esta ciudad no le cabe una fundación más! Esta frase la escuché hace aproximadamente tres meses atrás y desde entonces ha hecho eco en mi cabeza, al punto de que he comenzado a escucharla de distintas maneras como, por ejemplo: ¿Salió otro colectivo? ¿Otros que se crean por moda? ¿Ahora qué invento traen estos?

El hecho de que esta narrativa se vuelva recurrente, me llevó a identificar que el término saturación agrupaba estas visiones; muchas veces se habla de ella de manera negativa, asociada a una presencia excesiva de algo. Para nadie es un secreto que, en Barranquilla, durante los últimos tres años hemos tenido un alza en la creación y reactivación de colectivos que abordan todo lo relativo a juventud, de ahí que casi semanalmente aparezca un nuevo actor.

Lo anterior no es propiamente algo malo, sin embargo, debemos ser conscientes de que la proliferación de iniciativas, por sí sola, no es suficiente para mejorar la calidad de vida de la juventud barranquillera, pero algo que sí es evidente es que detrás de la creación de un nuevo proyecto o iniciativa, hay un deseo de querer hacer algo, lo cual demuestra una ciudadanía activa.

Según cifras oficiales de la iniciativa Nuestra Barranquilla, se han podido identificar alrededor de 367 colectivos juveniles en la ciudad, los cuales desde mi experiencia como joven y como alguien que trabaja en el medio, podrían estar encasillados en 5 grandes categorías de incidencia: cultura, salud mental, deporte, territorio e inclusión productiva.

A raíz de este dato surge la pregunta: ¿Estamos realmente saturados de colectivos o estamos saturados de iniciativas desconectadas? ya que el hecho de que existan 367 colectivos no significa que todos estén haciendo lo mismo. De hecho, muchos ejecutan acciones que se salen de esas 5 categorías, pero aún así conservan una relación. Por ejemplo, una organización puede tener como propósito principal prevenir la delincuencia juvenil, pero utilizar el deporte como habilitante metodológico para lograrlo. En este caso, el deporte hace parte de la categoría macro bajo la cual podemos identificarla, pero no el propósito central de su existencia.

Para que haya una proliferación de colectivos e iniciativas, debe haber unas condiciones que propicien ese fenómeno, en el caso de barranquilla esto se ha visto favorecido debido a la presencia de organizaciones que justamente tienen como finalidad el reactivar y/o despertar el deseo de incidir en la ciudad. Esto no significa que los liderazgos emergentes sean un problema, por el contrario, su aparición es una señal de vitalidad del ecosistema, el actual desafío está en que esa nueva energía pueda encontrarse con la experiencia acumulada de quienes llevan años trabajando en el territorio.

Sin embargo, lo que me genera un sin sabor, es justamente que el problema aparece cuando la necesidad de protagonismo comienza a pesar más que el problema que se quiere resolver, en ese instante cuando la arrogancia y el individualismo gobierna el génesis de un proyecto, ese fin altruista es consumido por el liderazgo tóxico y en consecuencia se convierten en un colectivo más. No necesitas pedir permiso para crear una iniciativa, pero tampoco necesitas construirla como si fueras el único que puede solucionar el problema.

Si en nuestra ciudad hay tantos problemas en materia de juventud que aún necesitan intervención, si existen iniciativas con el deseo de respaldar las ideas innovadoras y organizaciones con alta trayectoria en el trabajo territorial ¿Qué limita el trabajo en red y la colaboración activa entre nuevos liderazgos y liderazgos consolidados? ¿Será que aún hay cosas que no se han podido identificar y están perpetuando dicha desarticulación?

Lo que hoy ocurre en Barranquilla puede ser una expresión de algo que muchas ciudades enfrentan: una ciudadanía cada vez más dispuesta a organizarse, pero no necesariamente preparada para colaborar y garantizar la sostenibilidad de los proyectos.

Todas estas reflexiones deberían estar hoy sobre la mesa si de verdad se quiere que Barranquilla se convierta en una ciudad ejemplo en materia de juventud, porque tal como dice el dicho “todo lo que sube, tiene que bajar” traducido al escenario abordado en este escrito, hoy hay una cima gracias a que existen condiciones favorables, especialmente en materia de financiación y acompañamiento, que han permitido el surgimiento y fortalecimiento de numerosos colectivos juveniles. Sin embargo, estas condiciones no serán permanentes; cuando cambien, será cuando realmente se ponga a prueba la capacidad de los procesos, y es ahí donde algunos podrían caer, especialmente aquellos que construyeron sus iniciativas desde la idea de que podían hacerlo todo por sí mismos.

Probablemente el salto que debe dar el ecosistema juvenil de Barranquilla no consiste en crear una iniciativa más, sino en ir aprendiendo a valorar lo construido y lo colectivo, partiendo de la base de que una iniciativa por sí sola no puede resolver todos los problemas de la ciudad.

Es plataforma digital libre y accesible que sirve como una herramienta de información y colaboración entre las juventudes y las instituciones para la empleabilidad en la CDMX

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