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No es rebeldía: es supervivencia emocional

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Alix Castillo
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Mi nombre es Alix Castillo. Soy estudiante de Psicología, miembro del grupo asesor de GOYN Barranquilla y líder juvenil adventista. Amo leer y, como consecuencia de ello, amo escribir. Expresar mis pensamientos y sentimientos a través de la escritura es una experiencia profundamente liberadora y, sin duda, una actividad que me permite reflexionar, conectar conmigo misma y con otras personas. Me encanta trabajar con los jóvenes y espero ser de inspiración para ellos.

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of Youth:

Por Alix Lilian Castillo Serrano

Estudiante de Psicología y
Miembro Grupo Asesor GOYN-Barranquilla

La salud mental como forma de resistencia en las nuevas generaciones

A muchos adultos los he escuchado decir que esta generación es difícil de controlar, que los jóvenes de ahora son rebeldes o que todo lo quieren fácil. Estas frases están cargadas de estigmas y prejuicios, pero también revelan una realidad: se trata de una generación distinta, y esa diferencia no debería interpretarse automáticamente como algo negativo.

Durante décadas nuestra cultura barranquillera y toda la cultura costeña estuvo marcada por una obediencia silenciosa, casi a manera de sumisión. En la literatura de García Márquez, los pueblos del Caribe aparecen anclados y estancados en tradiciones incuestionables, donde la autoridad no se discutía y los roles sociales se aceptaban como destino permanente.

Desde esta herencia cultural, el comportamiento de las nuevas generaciones no puede entenderse únicamente como rebeldía. En muchos casos, es una ruptura con una forma de vivir donde cuestionar no era una opción y cuidar el bienestar emocional no era una prioridad.

En Colombia y particularmente en ciudades como Barranquilla la salud mental es un concepto relativamente reciente. Durante décadas estuvo asociado únicamente a la enfermedad. En los años más recientes, se ha comenzado a entender como bienestar emocional y derecho social, especialmente entre las nuevas generaciones.

Colocar el bienestar emocional y la salud mental como prioridad implica “bajar de posición” tradiciones, normas o leyes que, desde hace años, han estado arraigadas y no fueron cuestionadas.  Hay tres ejemplos particulares que me gustaría compartir:

1. Caída de los roles tradicionales de género

Nuestra cultura es machista; no podemos negarlo. Aunque hemos aprendido y seguimos en un proceso de cambio y de ruptura de esquemas, muchas mujeres crecieron escuchando frases como: “tienes que casarte antes de cierta edad o se te va el tren”, “debes aprender a cocinar y a hacer los quehaceres del hogar si quieres encontrar esposo” o “puedes estudiar, pero esos sueños terminan cuando tengas hijos”.

Nuestras abuelas, tías y madres vivieron, en muchos casos, matrimonios tristes e incluso violentos. Hoy resulta fácil, desde la comodidad del presente, preguntarse por qué no se divorciaban. La respuesta es sencilla: no podían. ¿Cómo iban a vivir?, ¿Qué diría la sociedad? La escritora barranquillera Marvel Moreno, en su novela En diciembre llegaban las brisas, retrata con crudeza esa Barranquilla de finales del siglo XX, donde el sometimiento femenino y la hipocresía social eran parte del orden establecido.

Hoy, queramos o no, muchos de esos miedos y frases aún persiguen a las mujeres. Sin embargo, cada vez más han decidido priorizar su bienestar emocional por encima del “qué dirán”. Hay más divorcios, pero menos tolerancia al maltrato psicológico; hay más decisiones individuales, pero menos sufrimiento silencioso; hay más igualdad y mayor empoderamiento.

Estas decisiones no surgen por mera rebeldía ni por llevar la contraria a la tía que cada Navidad pregunta cuándo llegará el matrimonio, sino porque muchas mujeres crecieron viendo ejemplos claros de lo que no querían repetir.

2. Rechazo a la explotación laboral

“Los jóvenes ya no quieren trabajar”, “esta generación no aguanta nada”, “todo les parece difícil”. Estas frases, repetidas con frecuencia, suelen ocultar realidades como la explotación laboral, las jornadas rígidas y los bajos salarios, prácticas que durante años se justificaron bajo la idea de aceptar cualquier trabajo con tal de tener estabilidad.

Durante gran parte del siglo XX en Colombia, el empleo asalariado formal se consolidó como el ideal de vida adulta y de seguridad social. Diversos análisis históricos señalan que la estabilidad económica estaba asociada a la permanencia en una empresa, incluso cuando ello implicaba aceptar horarios inflexibles, escasa movilidad laboral y una fuerte subordinación al empleador, entendiendo la estabilidad más como un privilegio que como un derecho (Banco de la República; El Tiempo).

Hoy, muchos jóvenes cuestionan ese modelo. Algunos prefieren emprender, otros optan por jornadas más cortas aun cuando esto implique menores ingresos. No se trata de falta de compromiso, sino de una reconfiguración de prioridades: trabajar para vivir y no vivir para trabajar. La renuncia a empleos que consumen el tiempo personal deteriora la salud mental y dificultan la vida familiar, evidencia un cambio profundo en la forma de entender el trabajo, donde la calidad de vida y el bienestar emocional comienzan a tener mayor valor que la estabilidad obtenida a cualquier costo.

3. Cuestionamiento de la autoridad y el respeto heredado

Este punto puede resultar controversial, pero refleja un cambio evidente: las nuevas generaciones ya no obedecen por obedecer ni respetan únicamente por rango o por miedo. La obediencia se construye y el respeto se gana. Durante años, jefes y figuras de autoridad fueron colocados en un lugar incuestionable, donde cada palabra era asumida como una orden, incluso cuando entraba en conflicto con los pensamientos y sentimientos propios. Inhibir creencias y razonamientos era dañino, pero parecía preferible a no encajar socialmente.

Hoy, muchos jóvenes cuestionan y preguntan: ¿por qué las cosas se hacen de determinada manera?, ¿por qué no se buscan alternativas?, ¿por qué hay que obedecer sin comprender? Este cuestionamiento no responde a una rebeldía sin causa, sino a una forma distinta de habitar el mundo: permitir que las ideas surjan, incomoden y abran espacio a la creatividad y al cambio. Cuando las estructuras permanecen intactas durante demasiado tiempo, tienden a volverse rígidas y obsoletas.

Como retratan varios autores del Caribe colombiano, durante décadas la vida transcurría sin grandes expectativas ni cuestionamientos, donde el tiempo avanzaba sin que pareciera ocurrir algo verdaderamente distinto y las personas aprendían a acostumbrarse a vivir sin hacerse demasiadas preguntas (Álvaro Cepeda Samudio; Marvel Moreno). En ese contexto, cuestionar no era una virtud, sino una amenaza al orden establecido.

Exponer, cuestionar y repensar las jerarquías proporciona realización personal, y esa realización permite a muchos jóvenes encontrar sentido y propósito en sus vidas, no desde la obediencia ciega, sino desde la conciencia y la elección.

Los desacuerdos entre generaciones no han desaparecido, pero sí se han transformado. Hoy, muchos adultos comenzaron a reconocer que el cambio no solo es inevitable, sino necesario. Las afectaciones de salud mental no corresponden a una edad específica, atraviesa a todas las generaciones; sin embargo, son los jóvenes quienes han decidido priorizarla y defenderla, incluso cuando hacerlo implique incomodar estructuras tradicionales.

Renunciar a roles de género impuestos, rechazar la explotación laboral y cuestionar autoridades heredadas no es un acto de rebeldía sin sentido sino una elección por una vida más digna. Al hacerlo, los jóvenes han dejado atrás sumisiones, sacrificios normalizados y formas de vivir que priorizaban el deber sobre el bienestar.

Priorizar la salud mental significa poner límites, romper tradiciones dañinas y desafiar modelos que durante décadas se mantuvieron por miedo y costumbre. No se trata de una generación frágil o inconforme, sino de una generación que entiende que ninguna estabilidad, tradición o autoridad vale más que la justicia, la dignidad y el derecho a vivir una vida tranquila.

Literature

·         Gabriel García Márquez — Cien años de soledad.

·         Gabriel García Márquez — El otoño del patriarca.

·         Marvel Moreno — En diciembre llegaban las brisas.

·         Álvaro Cepeda Samudio — La casa grande.

·         Banco de la República de Colombia — estudios sobre historia laboral en el siglo XX.

·         El Tiempo — artículos y especiales sobre trabajo y sociedad en Colombia.

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