By Elio Villaseñor
Director of Citizen Initiative for the
Promotion of the Culture of Dialogue, AC
«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,
haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.»
— Eduardo Galeano
El 12 de agosto de 2000 se conmemoró por primera vez el Día Internacional de la Juventud, impulsado por las Naciones Unidas como un espacio para reconocer las voces, los derechos, las aspiraciones y la participación de las juventudes en la construcción de nuestras sociedades.
Este 2026, el lema “Contextos diferentes, aspiraciones comunes” nos invita a mirar una realidad que muchas veces olvidamos: no existe una sola manera de ser joven.
Las juventudes viven realidades muy distintas dependiendo del país, el territorio y la comunidad donde nacieron; de su situación económica, su género y las oportunidades a las que tienen acceso.
Sin embargo, más allá de estas diferencias, existen aspiraciones que las unen: una educación de calidad, un trabajo digno, acceso a la salud —incluida la salud mental—, vivir sin violencia, participar en las decisiones que afectan sus vidas y contar con oportunidades reales para construir un futuro mejor.
Juventudes que están transformando su realidad
Frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo, las y los jóvenes no permanecen indiferentes. Desde diferentes territorios están construyendo proyectos, organizaciones y nuevas formas de participación.
Los encontramos defendiendo el medio ambiente y sus comunidades; exigiendo acciones frente al cambio climático; impulsando una educación que responda a los desafíos de su generación; demandando un mundo digital seguro, incluyente y humano; enfrentando la violencia en sus territorios y en las redes sociales, y abriendo nuevos espacios de participación ciudadana.
También están colocando sobre la mesa preguntas que marcarán nuestro futuro: ¿cómo queremos utilizar la inteligencia artificial?, ¿qué tipo de empleos tendremos?, ¿cómo proteger nuestra salud mental?, ¿cómo enfrentar la desigualdad y la violencia?, ¿cómo cuidar nuestro planeta?
No son preguntas únicamente de las juventudes. Son preguntas que interpelan a toda la sociedad.
El derecho a imaginar y construir el futuro
En medio de contextos tan diferentes, existe algo profundo que une a las juventudes: el derecho a imaginar un futuro y contar con las herramientas, los derechos, las oportunidades y la libertad para construirlo.
Por eso, conmemorar el Día Internacional de la Juventud no debería reducirse a celebrar a las y los jóvenes una vez al año. Significa escucharlos, reconocer su diversidad, abrir espacios para su participación y, sobre todo, confiar en su capacidad para transformar sus comunidades.
El desafío de nuestro tiempo es pasar de políticas para las juventudes a procesos construidos con las juventudes. Porque no basta con reconocer que son el futuro: necesitamos reconocerlas como protagonistas del presente.