Por Melany Mejía Villalobos
GOYN Youth Advisory Group Barranquilla
Hablar de empleo juvenil muchas veces se reduce a formación, experiencia o falta de oportunidades. Sin embargo, hay una barrera silenciosa que pocas veces se pone en el centro de la conversación: el trabajo de cuidado no remunerado.
Cuidar no debería ser un obstáculo. Pero para miles de mujeres jóvenes, sí lo es.
Esta reflexión surge a partir de un ejercicio académico de análisis que me llevó a cuestionar una realidad que, aunque es cotidiana, pocas veces se pone en el centro de la conversación:
¿En qué medida la sobrecarga de las responsabilidades de cuidado no remuneradas incide en el acceso e inserción al empleo formal de mujeres y madres jóvenes en contextos de vulnerabilidad?
Un problema global que se vive en lo cotidiano
A nivel mundial, las mujeres realizan alrededor del 76,2 % del trabajo de cuidado no remunerado, dedicando más del triple del tiempo que los hombres a estas actividades. Esto incluye el cuidado de hijos, adultos mayores, personas enfermas y la gestión del hogar.
Aunque estas tareas sostienen la vida y la economía, no son reconocidas como empleo. Y ahí empieza el problema: el tiempo que se invierte en cuidar es tiempo que no se puede dedicar a estudiar, trabajar o emprender.
En América Latina, esta realidad se intensifica. Cerca del 75 % del trabajo de cuidado recae sobre las mujeres, especialmente en contextos de vulnerabilidad, donde las oportunidades laborales ya son limitadas.
Colombia: cuando cuidar también cuesta oportunidades
En Colombia, más del 90 % de las mujeres realiza trabajo de cuidado no remunerado. Este trabajo, aunque invisible, representa cerca del 19,6 % del PIB del país.
Sin embargo, su impacto en la vida de las mujeres es profundo: limita su autonomía económica, reduce su participación en el mercado laboral y condiciona sus decisiones educativas.
Por ejemplo, el 15,2 % de las mujeres que no continúan sus estudios lo hacen debido a responsabilidades domésticas y de cuidado. No es falta de interés. Es falta de tiempo, de apoyo y de opciones.
Barranquilla: una realidad que tiene rostro
Cuando esta problemática aterriza en Barranquilla y su área metropolitana, deja de ser una cifra y se convierte en historias reales.
María, de 17 años, dejó el colegio tras quedar embarazada. Hoy dedica 8 horas al día al cuidado de su hijo y no puede trabajar porque no tiene con quién dejarlo.
“Si tuviera una guardería gratuita cerca, podría estudiar o trabajar”, dice.
Laura, de 22 años, cuida a sus dos hijos entre 10 y 12 horas diarias. Ha tenido que rechazar oportunidades laborales por no tener una red de apoyo.
“Siento frustración porque quiero aportar económicamente para mis hijos y no puedo”, expresa.
Pero no solo las madres enfrentan esta situación.
Daniela, de 25 años, cuida a su abuela enferma. Ha perdido oportunidades laborales porque no puede asistir a entrevistas. “No cuento con redes de apoyo”.
Valentina, de 16, cuida a sus hermanos menores, lo que ha afectado su rendimiento académico.
Carolina, de 24, aunque no es madre, también ve limitada su disponibilidad laboral por responsabilidades familiares.
Estas historias evidencian algo clave: el problema no es cuidar, es la sobrecarga y la falta de condiciones para hacerlo sin renunciar a otras oportunidades.
Más que una barrera individual, un problema estructural
Diversas iniciativas han buscado mejorar el acceso al empleo juvenil. Programas como los impulsados por Global Opportunity Youth Network Barranquilla, el Servicio Nacional de Aprendizaje o ONU Mujeres han trabajado en formación, empleabilidad y empoderamiento económico.
Sin embargo, muchas de estas estrategias no abordan de manera directa una de las principales barreras: el tiempo que las mujeres dedican al cuidado.
Esto genera una desconexión: se preparan para el empleo, pero no siempre pueden acceder a él.
Entonces, ¿Qué necesitamos cambiar?
Si queremos hablar de empleo digno para mujeres jóvenes, no podemos ignorar el sistema de cuidados.
Considerando esto, algunas claves son:
-
Ampliar el acceso a servicios de cuidado (guarderías, centros comunitarios).
-
Promover empleos con horarios flexibles o modalidades híbridas.
-
Reconocer el cuidado como un tema económico, no solo social.
-
Incluir el enfoque de género en las políticas de empleo.
-
Porque la pregunta no es si las mujeres pueden trabajar.
La pregunta es: ¿En qué condiciones lo están intentando hacer?
Cerrar la brecha también es abrir oportunidades
Reducir la brecha de género en el acceso al empleo no se logra únicamente con más formación o más vacantes. Se logra entendiendo las realidades que viven las mujeres y diseñando soluciones que respondan a ellas.
Cuidar no debería significar renunciar a soñar.
Y construir oportunidades también implica reconocer aquello que, aunque invisible, sostiene todo lo demás.
Escribir sobre este tema no ha sido solo un ejercicio académico, ha sido una forma de mirar más de cerca realidades que muchas veces pasan desapercibidas.
A través de este proceso entendí que detrás de cada cifra hay historias, decisiones difíciles y sueños que se pausan, no por falta de ganas, sino por falta de condiciones.
Como joven y futura profesional en Administración Humana, me quedo con el compromiso de no ser indiferente a estas realidades, sino de aportar a la construcción de oportunidades más justas, donde cuidar no signifique renunciar al crecimiento personal y profesional. Creo firmemente que visibilizar estas situaciones es el primer paso para transformarlas, y que fortalecer iniciativas, políticas y redes de apoyo enfocadas en el cuidado y el empleo puede marcar una diferencia real en la vida de muchas mujeres jóvenes.