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¿Quién cuida y quién produce? La invisible división sexual del trabajo

Autor:

Alexandra Villafañe Rojas
Alexandra Villafañe Rojas

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Soy de las que cree que cada historia tiene el poder de transformar realidades… y esta es la mía. Mi nombre es Alexandra Villafañe Rojas, tengo 23 años y soy socióloga, apasionada por las causas sociales, especialmente aquellas que promueven el enfoque de género y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Encuentro en cada experiencia una oportunidad para aprender, ya sea desde el conocimiento académico o desde las enseñanzas de la vida cotidiana. Disfruto el deporte como una forma de equilibrio y disciplina, y me motiva crecer constantemente, no solo como profesional, sino como ser humano. Aspiro a convertirme en una gran líder, capaz de inspirar, impactar y abrir caminos para quienes tengan la oportunidad de conocerme-

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Soy de las que cree que cada historia tiene el poder de transformar realidades… y esta es la mía. Mi nombre es Alexandra Villafañe Rojas, tengo 23 años y soy socióloga, apasionada por las causas sociales, especialmente aquellas que promueven el enfoque de género y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Encuentro en cada experiencia una oportunidad para aprender, ya sea desde el conocimiento académico o desde las enseñanzas de la vida cotidiana. Disfruto el deporte como una forma de equilibrio y disciplina, y me motiva crecer constantemente, no solo como profesional, sino como ser humano. Aspiro a convertirme en una gran líder, capaz de inspirar, impactar y abrir caminos para quienes tengan la oportunidad de conocerme-

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Soy de las que cree que cada historia tiene el poder de transformar realidades… y esta es la mía. Mi nombre es Alexandra Villafañe Rojas, tengo 23 años y soy socióloga, apasionada por las causas sociales, especialmente aquellas que promueven el enfoque de género y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Encuentro en cada experiencia una oportunidad para aprender, ya sea desde el conocimiento académico o desde las enseñanzas de la vida cotidiana. Disfruto el deporte como una forma de equilibrio y disciplina, y me motiva crecer constantemente, no solo como profesional, sino como ser humano. Aspiro a convertirme en una gran líder, capaz de inspirar, impactar y abrir caminos para quienes tengan la oportunidad de conocerme-

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Soy de las que cree que cada historia tiene el poder de transformar realidades… y esta es la mía. Mi nombre es Alexandra Villafañe Rojas, tengo 23 años y soy socióloga, apasionada por las causas sociales, especialmente aquellas que promueven el enfoque de género y el bienestar de las comunidades más vulnerables. Encuentro en cada experiencia una oportunidad para aprender, ya sea desde el conocimiento académico o desde las enseñanzas de la vida cotidiana. Disfruto el deporte como una forma de equilibrio y disciplina, y me motiva crecer constantemente, no solo como profesional, sino como ser humano. Aspiro a convertirme en una gran líder, capaz de inspirar, impactar y abrir caminos para quienes tengan la oportunidad de conocerme-

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de JuventudES:

Por Alexandra Villafañe Rojas
Grupo Asesor de Jóvenes GOYN Barranquilla

¿Crees que elegimos nuestro rol en el mundo o nos lo imponen?, Si, es una pregunta cuya respuesta podría ser un tanto compleja, sin embargo, no es más que el pensarse como hemos vivido hasta el momento, como nuestro padres, institución y personas que nos rodean han sido parte del desarrollo identitario de nuestra persona.

Te cuento, la sociedad en los últimos años se ha vuelto un esquema regido por un sin fin de normas y roles que se supone deberíamos cumplir de acuerdo con “nuestra posición en el mundo” ya sea como mujer o como hombre, ¿pero… esta esto bien?, Dijo una vez una interesante y muy inteligente mujer de la ciencia: No se nace mujer: llega una a serlo (Simone de Beauvoir, 1949). Aunque si bien aquí se hace hincapié al sexo femenino, la reflexión final de la misma abarca tanto a hombre como mujer.

Te preguntaras, porque menciono este tema?, sencillo, por la simple curiosidad que ha despertado en mi comprender por qué a las mujeres se nos ha criado en base a un sistema de protección, como si no tuviésemos la capacidad suficiente para asumir “roles masculinos”, por muchos años se nos ha relegado a la economía del cuidado, es decir, la mujer es quien cuida el hogar, la mujer es quien cuida al familiar mal de salud, la mujer es quien debe sostener la familia, en fin, todas las asignaciones dentro del marco de lo privado, de manera que esto limita su acceso a empleos formales y remunerados. Ahora bien, tú me podrás decir, está equivocada, ¡las mujeres también hacen otras labores!, y si, ciertamente hoy en día las oportunidades para que el género femenino expanda su conocimiento y potencial ha transcendido a espacios más públicos, pero no se puede ocultar el hecho de que aún persisten muchas desigualdades principalmente en el sector productivo.

Por otro lado, crees que es justo que una sociedad donde se proclama justicia, igualdad y equidad para todos, aún hoy, se estima que a nivel global las mujeres ganan aproximadamente 20% menos que los hombres (Naciones Unidas), o que Solo el 48,7% de las mujeres participan en el mercado laboral, frente a 78% de los hombres (Forbes México). Y aquí no estamos hablando estrictamente de dinero, ingresos y trabajo, ello va más allá, hablamos de sueños y esperanzas, de mujeres que han vivido con miedo de no ser lo suficientemente capaces para realizar otras labores fuera de lo privado, o que se han creado barreras mentales tan fuertes que no les permite ni siquiera pensar en la posibilidad de aferrarse a sus propias pasiones.

Entonces, ¿es culpa de las mujeres tener esos ideales tan marcados?, pues no, es culpa de un sistema social que les ha mostrado a lo largo del camino como muchas de ellas han sembrado sus vidas en los jardines de otros. Se les ha relegado a sostener la economía y vida cotidiana, limitando su acceso a empleos y autonomía. Y no es algo que me esté inventando, aunque ciertamente soy más seguidora de lo cualitativo, no le resto importancia a lo cuántico, y es que como ignorar cifras que nos muestran que a nivel mundial aproximadamente 708 millones de mujeres no participan en el mercado laboral porque están ocupadas en tareas de cuidado no remuneradas (OIT).

Llegados a este punto, no me quiero extender con una infinidad de cifras que arrojan casi todas a lo mismo, pero si me gustaría que habláramos un poco sobre historia.

Les confieso que en mis épocas de colegio en ocasiones se me hacía un tanto tedioso las clases de sociales, siempre me preguntaba: y a mí de que me sirve saber en qué año o quien obtuvo tal logro??, o porque sucedió X o Y acontecimiento??, un pensamiento un tanto indiferente u apático de mi parte, lo acepto,  mi profesor siempre nos decía, en algún momento entenderán ustedes la importancia de saber la historia, y curiosamente así fue, hoy comprendo la relevancia que implica el conocer los procesos, las circunstancias y contextos que han sido parte del desarrollo de nuestras sociedades.

Así que, como aquí estamos hablando es de desigualdades de género, recordemos que, durante el siglo XIX muchas mujeres comenzaron a trabajar en fábricas durante la Revolución Industrial, especialmente en la industria textil. Sin embargo, las condiciones eran muy injustas: se veían sometidas a jornadas de más de 12 horas diarias, salarios mucho más bajos que los de los hombres y condiciones de trabajo peligrosas.

¿Y QUE CREEN QUE OCURRIO?, exacto, surgió una oleada de insatisfacción por parte del género femenino, provocando masivas marchas y protestas lideradas por trabajadoras de dichas fábricas, principalmente en la ciudad de Nueva York, esto con el propósito de damnificar los derechos laborales para ellas, cabe resaltar, que esta tediosa situación se prolifero más de 10 años. Hasta que desafortunadamente para 1911 sucede un trágico acontecimiento que marco la historia, un incendio en una fábrica textil en Nueva York causa la muerte de 146 trabajadores, de los cuales la mayoría eran mujeres jóvenes inmigrantes. Las puertas se encontraban cerradas y muchas no lograron escapar, este suceso incentivo reformas en las leyes laborales.

Pensaran ustedes, ¡Clarooo, seguramente seguido a este acontecimiento es que se declara el 8 de marzo como día internacional de la mujer!, pero no, no fue sino hasta 1975 que se oficializó este día, a pesar de que, para 1910 antes dicha tragedia ya Clara Zetkin una activista muy apasionada, en una conferencia internacional propuso que existiera un día en honor a la lucha por los derechos de las mujeres.

Es esto, más que una simple historia, las bases que sientan alrededor de todo el mundo las luchas feministas, las desigualdades e injusticias que han existido por varios siglos y que aún persisten, y eso que solo estamos hablando de un eje temático al respecto, porque si nos involucramos en otros asuntos, como: violencia basada en género, derechos sexuales y reproductivos, participación política y liderazgo… seguro termino escribiendo como quien arma un rompecabezas sin borde: por más piezas que ponga nunca terminaría de armarlo.

Hablando de otros asuntos, he aquí uno que, si nos concierne, y es grato para mí. El reconocimiento de todas aquellas mujeres que permitieron dar un paso hacia adelante en estas luchas, tenemos por un lado a Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Francés Perkins, Dolores Huerta, Flora Tristán y Emma Tenayuca, mujeres que alzaron la voz e impulsaron el reconocimiento de las luchas de los derechos de las mujeres, promovieron leyes, fundaron sindicatos, etc. O que hay de María Cano, seguro muchos escuchamos de ella el colegio, considerada pionera en la defensa de los derechos laborales y en la participación de las mujeres dentro del movimiento sindical colombiano, rompió barreras en una época donde las mujeres casi no tenían presencia en la vida pública (Banrep, AGN). U otras que, aunque no fueron reconocidas cada grano de arena fue de vital importancia.

Sus nombres no solo son adornos en enciclopedias archivadas, son un recordatorio de que gran parte de lo que hoy en día muchas mujeres e incluso hombres podemos disfrutar, es precisamente gracias a ellas. Aunque seguramente ninguna de las aquí mencionadas sabrá de la anterior citación, como sociedad es justo que reconozcamos las buenas acciones.

Finalmente, hemos llegado a lo último de esta reflexión, sin embargo, antes de terminar me gustaría hacer hincapié de que este escrito no es más que mi sincero sentir frente a una situación, que como mujer y próxima egresada me tocara enfrentar, por otro lado, mi intención en ningún momento ha sido desacreditar los logros masculinos porque son ellos también víctimas de un sistema diferencial, y soy consciente de que tienen sus propios dilemas. Simplemente nos invitó a pensar en las dinámicas que se desenvuelven en nuestra cotidianidad desde una postura crítica, empática y honesta.

El camino hacia la dignidad laboral de las mujeres no termina aquí; cada avance es una invitación a seguir transformando la realidad.

Referencias:

Es plataforma digital libre y accesible que sirve como una herramienta de información y colaboración entre las juventudes y las instituciones para la empleabilidad en la CDMX

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