Por Daniel Serrano de Rejil
Director General de Interculturalidad,
Salud y Derechos A.C. (INSADE)
Dania Yuriko García Arreola
Coordinador Operativa del Proyectos
en Niñez, Adolescencias y JuventudES
Hablar de salud mental en juventudES implica ir más allá de enfoques individuales o clínicos. En contextos de violencia, desigualdad y contacto con el sistema de justicia penal, la salud mental y socioemocional está profundamente vinculada con las condiciones de vida, las oportunidades reales y el acceso a derechos. Datos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, revelan más del 60% de las juventudes en proceso de reinserción presenta síntomas de ansiedad o depresión, y menos de una cuarta parte accede a atención psicológica. El estigma, la ruptura y la incertidumbre económica alimentan un círculo que favorece la reincidencia.
Desde la experiencia de INSADE, trabajar con juventudES en proceso de reinserción social ha permitido identificar que la salud mental no puede abordarse de forma aislada ni como un componente secundario y mucho menos dejarse de lado. Es un eje central que atraviesa todos los procesos de formación, acompañamiento y construcción de proyectos de vida.
El punto de partida: habilidades para la vida
Uno de los principales aprendizajes institucionales ha sido reconocer que los procesos de auto empleabilidad o emprendimiento no pueden iniciar directamente con formación técnica o productiva.
En etapas previas de nuestro trabajo, se identificó que muchas juventudES abandonan los procesos formativos. Las razones estaban relacionadas con factores como el consumo de sustancias, situaciones de violencia o dificultades emocionales no atendidas, poca resolución de conflicto y escasas habilidades de comunicación asertiva. Esto evidenció que, sin un trabajo previo en habilidades para la vida, con énfasis en salud mental o contención emocional, la permanencia en los programas era limitada.
A partir de este aprendizaje, nuestro modelo de intervención: Hecho en Libertad®, se ajustó para iniciar con procesos enfocados en el desarrollo de habilidades para la vida, tales como:
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Toma de decisiones
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Manejo emocional
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Prevención de violencias
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Prevención de adicciones y reducción de daños
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Información sobre salud sexual, infecciones de transmisión sexual y VIH.
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Información sobre el ejercicio del derecho a la no discriminación por antecedente penales y el ejercicio de los derechos político-electorales.
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Deportes para la paz y la reinserción.
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Resolución de conflictos sana y sin violencia.
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Comunicación asertiva.
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Nuevas masculinidades alternativas.
Este enfoque permite que las juventudES cuenten con herramientas básicas para sostener procesos formativos posteriores y tomar decisiones más informadas sobre su vida.
La salud mental debe verse como proceso transversal
En muchos programas sociales, la salud mental se aborda a través de talleres aislados. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que esto es insuficiente.
La salud mental y socioemocional debe entenderse como un proceso transversal que se construye a lo largo de toda la intervención. Esto implica generar:
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Espacios de confianza donde las juventudES puedan expresarse sin estigma
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Acompañamiento continuo durante los procesos formativos
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Información clara, accesible y basada en derechos
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Integración con procesos de formación sociolaboral y emprendimiento
Este enfoque favorece la permanencia de las juventudES en los programas y fortalece su capacidad para construir alternativas de vida fuera de contextos de violencia.
Reinserción social y autonomía económica
La salud mental también está estrechamente relacionada con la posibilidad de generar ingresos y construir autonomía económica.
Nuestro modelo de intervención “Hecho en Libertad®”, incorpora procesos de formación sociolaboral y emprendimiento que permiten a las juventudES desarrollar habilidades técnicas y construir opciones de autoempleo digno. Estos procesos incluyen capacitación, acompañamiento y fortalecimiento de micronegocios.
La evidencia institucional muestra que, cuando las juventudES cuentan con herramientas para generar ingresos, se fortalecen sus procesos de reinserción social y su bienestar emocional. La posibilidad de emprender o acceder a una actividad productiva incide directamente en la percepción de futuro y en la toma de decisiones.
Acompañamiento, no solo capacitación
Otro elemento clave es el acompañamiento. La experiencia ha demostrado que los procesos que se limitan a la capacitación tienen menor impacto que aquellos que integran seguimiento y apoyo continuo.
El acompañamiento permite identificar obstáculos, ajustar procesos y sostener la participación de las juventudES. Facilita la generación de aprendizajes institucionales que fortalecen la intervención. No se trata de transmitir conceptos en cada taller; es necesario un seguimiento continuo que escuche, oriente y ajuste estrategias según la realidad de cada persona joven. Este apoyo sostenido detecta recaídas a tiempo y convierte los aprendizajes en práctica, fortaleciendo redes de contención familiar y comunitarias que hagan sostenible el bienestar socioemocional de nuestros jóvenes.
En este sentido, el monitoreo, la evaluación y el aprendizaje son fundamentales para mejorar continuamente los programas y asegurar que respondan a las necesidades reales de la población.
Nombrar sin estigmatizar
El lenguaje también forma parte del trabajo en salud mental. Nombrar a las juventudES desde el estigma o reducirlas a su paso por el sistema penal limita sus procesos de reinserción. Por ello, es fundamental utilizar un lenguaje que reconozca a las personas desde su presente y sus posibilidades, no desde etiquetas. Esto contribuye a generar espacios de confianza y a fortalecer la construcción de identidad fuera del estigma.
Retos y oportunidades
Trabajar la salud mental con juventudES en contextos de reinserción social implica enfrentar múltiples retos: limitaciones estructurales, estigmatización, barreras de acceso a servicios y condiciones de desigualdad. Sin embargo, también representa una oportunidad para construir modelos de intervención más integrales, centrados en derechos y en las capacidades de las juventudES.
La experiencia demuestra que, cuando se articulan habilidades para la vida, acompañamiento socioemocional y oportunidades de desarrollo económico, es posible generar procesos sostenibles de reinserción social.
Reflexión final
La salud mental y socioemocional de las juventudES no puede entenderse sin considerar su contexto. No es un tema individual, es un tema social. Es reconocer a cada joven que carga con estigmas, duelos, y miedos. Que sin acompañamiento pueden traducirse en abandono de proyectos o reincidencia
Fortalecer estos procesos implica apostar por intervenciones integrales que reconozcan a las juventudES como sujetas de derechos, con capacidad de tomar decisiones y construir nuevas oportunidades tomando en cuenta sus necesidades de reinserción.
Porque, en contextos de reinserción social, hablar de salud mental también es hablar de segundas oportunidades y de la posibilidad real de poder emprender en libertad.