Por Bryan Martínez
Politólogo y joven asesor de GOYN Barranquilla
¿Qué pensarías si te dijeran que, según el lugar donde naces, puedes encontrar más retos o desafíos para salir de la pobreza? Bueno, últimamente existen estudios frente a cómo la geografía puede darnos pistas de qué tan difícil, como joven, podemos hallar las oportunidades, como nos dice el economista estadounidense Raj Chetty (2016), quien dice: “El lugar donde crecen los niños importa enormemente para sus posibilidades de escapar de la pobreza”. Pero cuando nos enfocamos en nuestra Latinoamérica, una de las varias regiones del sur global que, con tantas barreras, hay un tema que pocos se atreven a hablar, y es por su mismo peligro que implica estudiarlo, debatirlo y contrarrestarlo para que los jóvenes que en Colombia, Brasil o México sufren día a día, como es la violencia urbana y el crimen organizado.
Pero, para empezar hablar de esta barrera, debemos explicar en qué consiste esto y cómo nuestra región, a diferencia de otras del sur global, enfrenta una desventaja más y mayor para poder luchar contra la pobreza y la desigualdad de los jóvenes latinos; para esto nos referimos al narcotráfico, que en definición de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito como el tráfico, producción, distribución y todas las actividades ilegales relacionadas a los estupefacientes, el cual durante muchas décadas ha derivado en la proliferación de economías ilegales, creación de bandas criminales y, lo peor de todo el asunto, el reclutamiento de jóvenes que construyen trayectorias de vida marcadas por la ilegalidad y el miedo, miedo derivado de ser perseguidos por un Estado que no los pudo proteger y acercar a una oportunidad, y de la criminalidad organizada que les dan dinero a cambio de una esclavitud llena de peligros y trabajos precarios. Pero es aquí donde una barrera que genera problemas de salud mental, de educación y de dignidad a los jóvenes es el mayor doliente hoy en día en nuestras ciudades.
En países como Colombia, de acuerdo datos oficiales, solo en el 2024 hubo aproximadamente un menor reclutado cada 20 horas en Colombia, según organizaciones y reportes citados sobre la situación, esto expuesto en el diario El País; pero más allá del reclutamiento de jóvenes, vemos fenómenos de desapariciones masivas como suceden en las favelas de Río de Janeiro y ciudades periféricos o al norte de México, como denuncian Human Rights Watch o Amnistía Internacional, sino cabe recordar el operativo “Contención” del 28 de octubre de 2025, cual no entraremos en debates de qué tan exitosa es una política de seguridad o no, sino cómo los enfrentamientos, ya sean de los grupos armados en Colombia, los carteles mexicanos o las organizaciones criminales brasileños, son uno de los principales “agujeros negros” de jóvenes que perdemos a la hora de no darles oportunidades.
Pero es cuando, en este punto, al repasar un poco el panorama de tan solo 3 países, es donde debemos cuestionarnos como actores de un ecosistema que busca conectar a las oportunidades (organizaciones sociales y de base comunitaria, instituciones, empresas y los estados de las naciones latinas), que si generamos las condiciones dignas de paz y seguridad a los jóvenes podremos reducir las brechas de educación, empleo y emprendimiento que queremos todos para nosotros los jóvenes, porque todo problema social es interdependiente de muchos factores como la criminalidad, y no basta con tan solo dar empleo si los jóvenes no se sienten seguro de salir de su barrio o casa por miedo a un enfrentamiento entre bandas o a las drogas o a que desaparezcan por culpa de actores que venden percepción de seguridad estigmatizando a todo joven con potencial que tan solo necesita una oportunidad.
Si nos enfocamos en contexto más específicos de cómo la violencia aleja a los jóvenes de las oportunidades hallamos a Barranquilla, donde en el informe de juventud de GOYN Barranquilla y Nuestra Barranquilla en 2025 nos habla que la violencia y la extorsión, junto la falta de conectividad digital, es una dificultad que presentan el 99,2% de los emprendedores a la sostenibilidad de sus negocios; pero si hablamos no solo de emprendimiento, en Barranquilla se halló en informes del observatorio de seguridad ciudadana de la Universidad del Norte para el 2024 los jóvenes eran uno de las mayores víctimas de delitos. Esto no solo trae inseguridad sino problemas de bienestar socioemocional: un joven sin tener una vida digna no puede trabajar dignamente, que es algo no inventado, es un dato que nos habla la propia OMS (2024), quien nos dice: “para prevenir la violencia juvenil es necesario un enfoque integral que reconozca la fuerte correlación entre las tasas de violencia juvenil y las desigualdades económicas”, que siendo un líder y un joven en constante contacto con otros jóvenes de diferentes contextos es recurrente ver cómo muchos, para poder ir a estudiar, son desmotivados por presión del contexto donde amigos o familiares pueden ser parte de un sistema de criminalidad y normalizan un peligro constante que muchas veces nos le permite salir de su cuadra a trabajar o a estudiar, y como puede ser Barranquilla, puede ser una favela de Río de Janeiro o una vecindad de la periferia de CDMX, y es aquí donde las instituciones públicas deben ver el problema de la inseguridad en foco de salvar jóvenes a caer entre el reclutamiento, el consumo desmedido de estupefacientes y las balas que caen en sus calles día a día por enfrentamientos ya sea por entre grupos criminales o la misma fuerza pública.
Pero para lograr esto, lo primero que debemos es poner en el centro de discusión a los jóvenes y la inseguridad que viven. La fórmula que siempre se habla es más oportunidades va reducir la inseguridad, pero nadie habla que así traigas oportunidades la violencia armada y criminal aún generar barreras de transporte, salud socioemocional, económicas en el territorio, coincidencialmente (o no) las periferias, y es aquí como dice Francisco Thoumi, el camino es primero robustecer la institucionalidad pública en los territorios, pero también es aquí donde yo invitaría a invitar a las empresas a ser partícipes del desarrollo de sus territorios donde tienen incidencia, todo esto para generar confianza y legitimidad sea de donde vengan las oportunidades porque no es justo que el principal empleador sea el crimen y no la empresa, la universidad y el Estado.
En conclusión, la geografía sigue siendo un factor determinante para salir de la vulnerabilidad y de la pobreza los jóvenes, pero en Latinoamérica es un adictivo mayor la violencia y el crimen organizado, pero si no nos sentamos los jóvenes a exigir un derecho a un ambiente sano donde podamos caminar tranquilos en nuestras calles, debemos exigir por tener voz en las decisiones públicas de seguridad, y exigir paz en nuestras calles, porque trabajo sin paz no es vida digna.