{"id":6777,"date":"2026-08-20T11:05:53","date_gmt":"2026-08-20T17:05:53","guid":{"rendered":"https:\/\/juventudes.mx\/?post_type=voces&#038;p=6777"},"modified":"2026-08-20T11:05:53","modified_gmt":"2026-08-20T17:05:53","slug":"olvidar-no-vale-nada-hasta-que-nos-cuesta-todo","status":"publish","type":"voces","link":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/voces\/olvidar-no-vale-nada-hasta-que-nos-cuesta-todo\/","title":{"rendered":"Forgetting is worthless, until it costs us everything."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><strong>Por Alix Castillo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><strong>Estudiante de Psicolog\u00eda-Miembro del<\/strong><br \/><strong>Grupo Asesor de GOYN Barranquilla<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>La peste del silencio: \u00bfEn qu\u00e9 momento decidimos volver al pasado?<\/em><\/p>\n<p>La memoria no es solo la capacidad de recordar; es tambi\u00e9n la que nos permite comprender qui\u00e9nes somos. Desde la psicolog\u00eda, la <strong>memoria autobiogr\u00e1fica<\/strong> explica c\u00f3mo organizamos los recuerdos que construyen nuestra identidad: no solo almacena acontecimientos, sino que les da significado y nos permite entender de d\u00f3nde venimos para saber qui\u00e9nes somos en el presente. Quiz\u00e1 lo mismo ocurra con las sociedades. As\u00ed como una persona que pierde su memoria puede perder parte de su identidad, una sociedad que pierde su memoria hist\u00f3rica tambi\u00e9n corre el riesgo de olvidar los valores y las luchas que la definen.<\/p>\n<p>In <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez retrata a Macondo enfrentando la peste del insomnio. Sin embargo, el verdadero peligro nunca fue dejar de dormir, sino comenzar a olvidar. Los habitantes empezaron por olvidar el nombre de las cosas y terminaron etiquet\u00e1ndolas para recordar qu\u00e9 eran y para qu\u00e9 serv\u00edan, temiendo que un d\u00eda incluso ese esfuerzo dejara de ser suficiente. En nuestros d\u00edas parece que enfrentamos una peste a\u00fan m\u00e1s peligrosa: el olvido de nuestra propia historia. Olvidamos las luchas que nos precedieron, olvidamos el sacrificio pasado, olvidamos el precio que cost\u00f3 conquistar derechos que hoy damos por sentados y, con el tiempo, tambi\u00e9n olvidamos por qu\u00e9 era necesario defenderlos. <strong>La mayor amenaza para una sociedad no siempre es el conflicto; a veces es el olvido<\/strong>.<\/p>\n<p>A menudo creemos que los derechos son permanentes. Crecemos con ellos, los ejercemos con naturalidad y terminamos asumiendo que siempre estuvieron ah\u00ed y que siempre lo estar\u00e1n. Esa sensaci\u00f3n de permanencia nos hace olvidar que, en realidad, ning\u00fan derecho es inmutable. Y quiz\u00e1 no haya nada m\u00e1s peligroso que creer que aquello que cost\u00f3 tanto conquistar ya no necesita ser defendido.<\/p>\n<p>Durante siglos, las mujeres fueron excluidas de la vida pol\u00edtica y obligadas a aceptar decisiones sobre un futuro en cuya construcci\u00f3n no pod\u00edan participar. El voto femenino no fue un regalo de los gobiernos, sino el resultado de d\u00e9cadas de marchas, campa\u00f1as, publicaciones y de mujeres que desafiaron el orden establecido para reclamar un derecho que hoy parece evidente. La mayor\u00eda de los pa\u00edses occidentales reconocieron este derecho entre las d\u00e9cadas de 1910 y 1950, por lo que, hist\u00f3ricamente, se trata de una conquista muy reciente. En Colombia, las mujeres ejercieron su derecho al voto por primera vez en 1957, durante el plebiscito que dio inicio al Frente Nacional. Es decir, llevamos menos de setenta a\u00f1os considerando normal que una mujer pueda elegir a sus gobernantes. Durante esa lucha, los argumentos para negarles ese derecho eran claros: se afirmaba que las mujeres eran &#8220;demasiado emocionales&#8221; para participar en pol\u00edtica, que su lugar estaba en el hogar y que votar las distraer\u00eda de sus deberes como esposas y madres. Lo inquietante es que esos argumentos nunca desaparecieron del todo. Con el tiempo dejaron de expresarse con las mismas palabras, pero conservaron la misma intenci\u00f3n: convencer a la sociedad de que ciertos derechos pod\u00edan volver a discutirse.<\/p>\n<p>Setenta a\u00f1os pueden parecer mucho para una vida, pero son apenas un instante para la historia. <strong>Y cuando una sociedad olvida lo reciente que es una conquista, tambi\u00e9n empieza a olvidar lo f\u00e1cil que puede ser perderla<\/strong>.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os, incluso en democracias que hist\u00f3ricamente se han presentado como defensoras de las libertades individuales, han comenzado a resurgir debates que parec\u00edan superados. En Estados Unidos, algunos sectores han llegado a cuestionar p\u00fablicamente si el voto femenino deber\u00eda seguir existiendo, mientras que otras mujeres han manifestado que estar\u00edan dispuestas a renunciar a ese derecho en nombre de un modelo de familia m\u00e1s tradicional.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las posturas pol\u00edticas, lo verdaderamente inquietante no es que estas ideas existan, sino que vuelvan a parecer discutibles. <strong>Si un derecho conquistado hace apenas unas d\u00e9cadas puede convertirse nuevamente en objeto de debate, quiz\u00e1 nunca fue tan permanente como cre\u00edamos<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero \u00bfC\u00f3mo sucede esto? \u00bfC\u00f3mo una sociedad empieza a cuestionar un derecho que durante d\u00e9cadas parec\u00eda incuestionable? Nada cambia de un d\u00eda para otro. Las ideas no irrumpen de forma repentina; se normalizan poco a poco, hasta que un d\u00eda descubrimos que ya no recordamos en qu\u00e9 momento cambiaron. El efecto de mera exposici\u00f3n plantea que, cuanto m\u00e1s expuestos estamos a una idea, m\u00e1s familiar y aceptable nos termina pareciendo, aun cuando al principio la consider\u00e1bamos peligrosa o cuestionable. Las leyes suelen ser el \u00faltimo paso. Mucho antes de que cambien los c\u00f3digos, ya cambiaron las conversaciones.<\/p>\n<p>Solemos escuchar que todo tiempo pasado fue mejor. Existe una tendencia a idealizar el pasado, una nostalgia que, aunque puede parecer inofensiva, tambi\u00e9n tiene la capacidad de moldear la forma en que entendemos el presente. En ese deseo de volver a lo tradicional han surgido est\u00e9ticas que no han ocultado su prop\u00f3sito. Un ejemplo de ello es el movimiento de las tradwives o &#8220;esposas tradicionales&#8221;: mujeres que muestran en redes sociales el encanto de quedarse en casa, cuidar de los hijos y adoptar un estilo de vida inspirado en d\u00e9cadas pasadas. Y esto, por s\u00ed mismo, no est\u00e1 mal; cada mujer es libre de elegir c\u00f3mo quiere vivir. Sin embargo, esta est\u00e9tica tambi\u00e9n ha abierto la puerta a una pregunta m\u00e1s amplia: \u00bfhasta qu\u00e9 punto deber\u00edamos volver al pasado? \u00bfEstamos recordando toda la historia o solo la parte que resulta agradable? Porque, si hablamos de volver atr\u00e1s, tambi\u00e9n debemos recordar que ese mismo pasado fue el escenario en el que a muchas mujeres se les neg\u00f3 la posibilidad de decidir sobre su educaci\u00f3n, su trabajo, su patrimonio y, por supuesto, su voto.<\/p>\n<p>Cuando alguien nos advierte sobre ideas que estamos empezando a normalizar, solemos responder que se trata de una exageraci\u00f3n, que en nuestro pa\u00eds y bajo nuestras leyes esas cosas nunca pasar\u00edan. Pero \u00bfes realmente cierto? Existen innumerables ejemplos que muestran la fragilidad de los derechos de las mujeres, pero quiero detenerme en dos. Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada y Los testamentos, prometi\u00f3 no escribir nada que no hubiera sucedido antes en alg\u00fan lugar del mundo. Sus novelas no imaginan nuevas formas de opresi\u00f3n; reconstruyen, a partir de la historia, c\u00f3mo los derechos comienzan por cuestionarse antes de ser restringidos. La realidad tambi\u00e9n nos ofrece un ejemplo doloroso. Hace apenas unos a\u00f1os, muchas mujeres en Afganist\u00e1n pod\u00edan estudiar, trabajar, salir de sus casas y vestir como deseaban. Hoy, tras el regreso del r\u00e9gimen talib\u00e1n, han perdido gran parte de esas libertades y est\u00e1n sometidas a restricciones que hace poco parec\u00edan impensables. <strong>\u00bfEn qu\u00e9 momento aquellas mujeres imaginaron que un d\u00eda perder\u00edan gran parte de su libertad? \u00bfY en qu\u00e9 momento nos convencimos de que algo as\u00ed nunca podr\u00eda ocurrirnos?<\/strong><\/p>\n<p>Una idea ampliamente atribuida a Simone de Beauvoir dice <em>&#8220;No olvid\u00e9is jam\u00e1s que bastar\u00e1 una crisis pol\u00edtica, econ\u00f3mica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, deb\u00e9is permanecer vigilantes toda vuestra vida.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Quiz\u00e1 la mayor lecci\u00f3n no sea vivir con miedo a perder nuestros derechos, sino comprender que ninguno de ellos es permanente. La historia nos recuerda que toda conquista puede ser cuestionada cuando dejamos de recordar c\u00f3mo fue conquistada. Por eso vale la pena mirar con atenci\u00f3n las ideas, las narrativas y las tendencias que, por inofensivas que parezcan, pueden transformar lentamente la manera en que entendemos nuestra libertad.<\/p>\n<p><strong>Olvidar no cuesta nada, pero puede salir muy caro<\/strong>. En Macondo lograron sobrevivir a la peste del insomnio. La verdadera pregunta es \u00bfNosotros lograremos sobrevivir a la tragedia del olvido?<\/p>\n<p><strong>References:<\/strong><\/p>\n<p>Atwood, M. (1985). <em>El cuento de la criada<\/em>. McClelland and Stewart.<\/p>\n<p>Atwood, M. (2019). <em>Los testamentos<\/em>. Nan A. Talese\/Doubleday.<\/p>\n<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez, G. (1967). <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. Editorial Sudamericana.<\/p>\n<p>Halbwachs, M. (1950). <em>La m\u00e9moire collective<\/em>. Presses Universitaires de France.<\/p>\n<p>Registradur\u00eda Nacional del Estado Civil. (s. f.). <em>Historia del voto femenino en Colombia<\/em>.<\/p>\n<p>Zajonc, R. B. (1968). <em>Attitudinal effects of mere exposure. Journal of Personality and Social Psychology<\/em>, 9(2), 1\u201327.<\/p>","protected":false},"author":164,"featured_media":0,"template":"","meta":{"inline_featured_image":false,"imagen_principal_b":"http:\/\/juventudes.mx\/wp-content\/uploads\/jet-engine-forms\/27\/2026\/08\/El-olvido.png"},"categories":[40],"tags":[],"class_list":["post-6777","voces","type-voces","status-publish","hentry","category-participacion-y-politica-democracia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/voces\/6777","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/voces"}],"about":[{"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/voces"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/164"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6777"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6777"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/juventudes.mx\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6777"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}